SECRETOS DE LA MADERA
Miguel Ángel Calleja presenta en esta exposición algo así como su conversación convivencia y trato con el material de la madera,que necesariamente tienen que ser harto distintos que, cuando en otras exposiciones nos ha mostrado la hermosura de las formas de una pieza de piedra, mármol o bronce.
La madera es una materia escultórica particularmente difícil porque de alguna manera se impone al artista, pero también particularmente agradecida cuando se la entiende, y el artista la escucha, y también de alguna manera se deja enseñar por ella. Pero en esta muestra hay un
plus muy especial, porque las maderas con las que se ha puesto a trabajar el escultor ya tenían un rastro humano en ellas, ya habían servido en la construcción de edificios, y después habían sido desechadas y abandonadas. Tal es grande y profundo parentesco de estas piezas, tal su genealogía y su historia, desde que las maderas fueran cortadas del árbol; y esta historia de ellas, incluida la de su abandono y su espera, es la que ha guiado la mano del escultor.
De la escultura decía Miguel Ángel Bounaroti que realmente ya estaba en el bloque de mármol y lo único que tenía que hacer el artista era liberarla de la materia marmórea que la sobraba. Siempre es así, y, en este caso, lo que ha hecho Miguel Ángel Calleja con estas maderas es eso mismo; pero, como decía, preguntando a cada paso a la madera y a su historia y confrontándolas con la imaginación y la sensibilidad artísticas. A algunas piezas de éstas el escultor las ha puesto el nombre de lo que fueron, en otras ha visto hasta plantones vegetales concluidos en frisos, otras están como testigos con su complicación de planos y sus barroquismos, y alguna como una casi luna que podría ser de metal, pero no tendría tal calidez, y otras, en fin, como yacentes en su abandono de años, pero llevando tatuada su historia. Es decir, no ha habido aquí constructivismo abstracto - ni siquiera como en las pinturas de Bissiére, a quien tanto obsesionó la madera - por el que el artista ordena las formas, sino adivinación y respeto para el ser mismo de la madera para mostrarse como tal materia.
De manera que esta muestra ofrece la belleza de las formas en que el arte consiste, y, por lo tanto, se basta y sobra para complacer a los ojos. Pero, por eso mismo, y, en ese
plus del que hablaba más arriba, se hace como la revelación de la hermosura que puede encontrarse en las cosas más pequeñas, y en las abandonadas a su propia condición de cosas, como estas maderas.
Un niño encuentra su alegría en un trozo de madera, porque tiene ojos para lo gratuito y hermoso que hay en él, y en estas maderas es el artista el que los ha dispuesto para que nosostros también disfrutemos esa gratuidad y hermosura.
José JIMÉNEZ LOZANO

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Al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo, algunas hojas verdes le han salido. (...) antes que rojo en el hogar, mañana, ardas de alguna míseria caseta, al borde del camino; (...) olmo, quiero anotar en mi cartera la gracia de tu rama verdecida.
(del poema "A un olmo seco" de Antonio Machado)
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Porque un poeta, aunque desbarre, mientras produce sus rimas está siempre de acuerdo consigo mismo. Pero, pasado los años, el hombre que juzga su propia obra dista mucho del que la produjo.(.....)
Es muy frecuente - casi la regla- que el poeta eche a perder su obra al corregirla. La explicación es fácil: se crea por intuiciones; se corrige por juicios, por relaciones entre conceptos. Los conceptos son de todos y no se imponen desde fuera en el lenguaje aprendido; las intuiciones son siempre nuestras.
El poeta debe escuchar con respeto la crítica ajena, porque el libro lanzado a la publicidad ya no le pertenece. (...) Asístele, sin embargo, el derecho a no ser demasiado dócil a admoniciones ni consejos, y le conviene, sobre todo, desconfiar de sus propias definiciones. No se define en arte.
Pensaba yo que el elemento poético no era la palabra por su valor fónico, ni el color, ni la línea, ni un complejo de sensaciones, sino una honda palpitación del espíritu; lo que pone el alma, si es que algo pone, o lo que dice, si es que algo dice, con voz propia, en respuesta al contacto con el mundo. Y aun pensaba que el hombre puede sorprender algunas palabras de un íntimo monólogo, distinguiendo la voz viva de los ecos inertes; que puede también, mirando hacia dentro, vislumbrar las ideas cordiales, los universales del entimiento.
Pero nuestros ojos están cargados de razón y la razón analiza y disuelve. (...) Y pensé que la misión del poeta era inventar nuevos poemas de lo eterno humano, historias animadas que, siendo suyas, viviesen, no obstante, por sí mismas.
El pensamiento lógico, que se adueña de las ideas y capta lo esencial, es una actividad destemporalizadora. Pensar lógicamente es abolir el tiempo, suponer que no existe, crear un movimiento ajeno al cambio, discurrir entre razones inmutables. (...) Pero al poeta no le es dado pensar fuera del tiempo, porque piensa su propia vida que no es, fuera del tiempo, absolutamente nada.
Me siento, pues, algo en desacuerdo con los poetas del día. Ellos proceden a una destemporalización de la lírica, no solo por el desuso de los artificios del ritmo, sino, sobre todo, por el empleo de imágenes más en función conceptual que emotiva.
Entre tanto se hablaba de un nuevo clasicismo y hasta de una poesía del intelecto. El intelecto no ha cantado jamás, no es su misión. Sirve, no obstante, a la poesía, señalándole el imperativo de su esencialidad. Porque tampoco hay poesía sin ideas, sin visiones de lo esencial. Pero las ideas del poeta no son categorías formales, cápsulas lógicas, sino directas intuiciones del ser que deviene, de su propio existir. (...) Inquietud, angustia, temores resignación, esperanza, impaciencia que el poeta canta, con signos del tiempo y, a la par, revelaciones del ser en la conciencia humana.
(de los prólogos de Antonio Machado, a sus publicaciones)