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La voz deManuel Mata Gil
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La voz de Manuel Mata Gil
Sinfonía de emociones


Emoción. Sorpresa en Hombre

Emociones. Viene de una palabra compleja. Emoción. Según el diccionario, agitación del ánimo, producida por impresiones, ideas o sentimientos intensos. Según nuestro protagonista, hierro.

Sentir que quieres dejar de sentir. Hierro de nuevo.

Cuando una persona se cubre tanto que deja de sentir, utiliza el caparazón de hierro como arma, un arma que puede valer tanto para hacer el bien como el mal. Y es para el bien para lo que lo utiliza nuestro buen protagonista, el cual, como todo buen héroe, intenta proteger a todo aquel que está en apuros, tanto emocional como físicamente, ya que como sabemos, el hierro también protege nuestro cuerpo y nuestra cabeza.

Su historia es como la de muchas personas, pero con una excepcional peculiaridad. Después de sentir tanto, tanto, que se sentía herido, dejó de hacerlo, y al derrumbarse, al caer, se convirtió en hierro.

Al principio se trataba de uno de esos hierros maleables, de esos que no son rígidos del todo. Mientras se iba adaptando, fue comprobando que todo lo que había a su alrededor iba tornándose en hierro al igual que él. Su sorpresa fue que no a todos aquellos le pasaba exactamente lo mismo, sino que muchos de éstos se convertían en hierro, pero de verdad, de ese que rompe y no deja pasar nada. No era consciente de que no todos viven igual, sienten igual, son iguales. No todos necesitan el mismo escudo. No todos pueden vivir con el mismo escudo.

Su mejor amigo, su amigo fiel, su perro, fue el primero. Los animales, seres vivos que son capaces de moverse por sí mismos. ¿Y si son de hierro, también?

Le seguía siendo fiel a pesar de todo. Le acompañaba en todas sus hazañas. Y fue gracias éste por lo que se dio cuenta de que no todo es inmóvil. La gente reacciona de manera diferente dependiendo de quien tenga delante, y por ello, nuestro superhéroe supo adaptarse a la situación. Se valía de máscaras, de hierro por supuesto, mediante las cuales se enfrentaba a las diferentes aventuras que se le cruzaban. Nunca dejaba ver su verdadero rostro. Ni siquiera él mismo sabía ya si seguía teniendo un rostro más allá de todo aquel metal.

Su meta era no sentir. Su solución para los demás era que no sintieran, que dejaran de tener esas emociones que tanto él odiaba. Que tanto había rechazado tiempo atrás. Quería compartir sus máscaras, dejárselas a la gente para que al ponérselas sintieran lo que él sentía, esa dureza y esa indiferencia quizás hacia lo que sucedía a su alrededor, el no dejarse afectar por nada ni por nadie.

Llegó a ser tanto su pode,r que aquel metal que al principio fue maleable, ahora era el más duro, parecía que ya no había marcha atrás. Cada vez más todo se convertía en hierro, incluso aves que necesitan volar para escapar, cuando se encontraban cerca del hombre de hierro se convertían en criaturas incapaces de extender sus alas.

Su ropa, sus palabras e incluso su corazón ya eran de hierro. Ya solo se podía expresar mediante este material. AMOR. ODIO. No eran palabras reales, sino simple visualización de lo que entonces fueron. Ahora ya no significaban nada parar él. Pero se podía apreciar aún una leve diferencia entre el material de su corazón y de su cara con el del resto del cuerpo. ¿Quizás quedaba esperanza en el fondo? ¿O quizás es que partes como esas nunca pueden llegar a ser del todo de hierro? Seguramente nuestra condición humana nos lo prohíbe.

Su obra seguía extendiéndose, sus hazañas iban progresando, hasta que un día, su perspectiva cambió.

Ante él tenía a un ser diferente, una persona difícil de colocar, de describir. De entender. Sentía y sabía que en su interior había dolor a la vez que alegría y mucha pasión. Pero también podía verlo en su exterior, en su forma de expresarse, de vivir. Era algo incontrolable.

Él sabía lo que tenía que hacer, pero aún así, no era capaz de comenzar. Tenía en su cabeza de hierro la imagen de lo que lo podría convertir si actuaba adecuadamente. Todo lo que le rodeara tendría que ser duro, metálico, sin prestar atención a los sentimientos que le rodearan, pero esta persona no era capaz de apartar todo aquello, el superhéroe lo sabía. Tenía en mente que aquello que le caracteriza también se debería convertir en hierro, su rostro. Pero comprobó que no todo podía cubrirlo, sino nada más que su barba, aquello que este ser se podría quitar en cualquier momento, apartarlo de él, desprenderse de esa barrera. Y no supo que hacer. Era superior a sus fuerzas. Era otro hombre fuerte, otro hombre de hierro, pero no como él.

Y en ese momento fue cuando, gracias a sus poderes, pudo comprobar que este peculiar hombre se valía de otro escudo para protegerse, pero no como el suyo, sino que había color. Había muchos colores, y todos ellos expresaban emociones. Esta peculiar persona se valía de todas estas emociones para así a la vez apartar todas aquellas que no le interesaban. Era una forma interesante de actuar.

Y fue así como nuestro superhéroe comenzó a ver las cosas de distinta forma. Al comprobar todo aquello se dio cuenta de que mucha gente no era capaz de deshacerse de sus sentimientos y emociones, tanto pasadas como presentes, sino que sin ellas simplemente no eran capaces de vivir, no eran ellos mismos. Y fue justo cuando empezó a plantearse si realmente él mismo había dejado de vivir.

Nunca llegó a saber la respuesta, ni nadie llegó a saber que había ocurrido con él, porque desde aquel día, desapareció. Desde entonces, cuando alguien quería negarse a sí mismo sus sentimientos, intentando convencerse de que eso era lo mejor, se podía oír de fondo un ruido metálico, como una especie de cencerro, que hacía cambiar de opinión a toda esta gente que había llegado a pensar eso y seguir adelante con sus vidas, porque ante todo, eso es lo más importante.

Quizás ese sonido metálico era el recuerdo de nuestro héroe, que al final sí que había conseguido hacer algo bueno de verdad, se había convertido en aquello que a la gente le hacía realmente falta, en esperanza. Aquel sonido, aquella música, era la sintonía de emociones que nunca llegó a desprenderse de él.


24-03-08 Paula Piedehierro Castaño
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