Nuestra propia obra, nos permitan compartir el acto creativo con cualquier persona
Imantación
Deslumbrados por el esplendor de lo sencillo y buscando sortilegios, en estos tiempos en que el sentimiento de soledad crece en las almas, que, por encima de nuestra propia obra, nos permitan compartir el acto creativo con cualquier persona, rápidamente además, y en plano de igualdad, yendo por un camino recto y sin tener que recurrir a difíciles aprendizajes y complicados ritos, fuimos a dar casualmente, en la leyenda de la invención del capitel corintio, allá en los remotos finales del siglo V antes de Cristo, con la fórmula mágica que lo permite.
Dice esta leyenda que sobre la tumba de una niña corintia, su nodriza había depositado, por piedad, un canastillo con los objetos que aquélla más quería, tomando la precaución de cubrirlo con una teja cuadrada, a fin de ocultarlos y evitar un robo. En la primavera siguiente, el arquitecto Calímaco, al pasar por allí, vio la teja levantada por un armonioso manojo de hojas de acanto, nacidas en la tumba misma, lo que le sugirió la idea del capitel corintio, decorado con esas hojas.
Así pues, para provocar un estallido de ideas y hacer brotar un orden amoroso de correspondencias, que es lo que alimenta al arte, no hay más que tocar con el pensamiento y pensar con el cuerpo, o lo que es lo mismo: Cubrir un canastillo con una teja, pisar, apilar, hacinar, bobinar, entallar, empaquetar, hender y escindir, arrugar, fluir, plegar, conectar, anudar, tejer, agrietar, inflar, laminar, coleccionar, irradiar, soportar, sostener, colgar, tensar, enjaular, acariciar, texturar, contornear, acercar, penetrar, pontear, repetir, acompasar, dirigir, mover, concordar, contrastar, densificar, rarificar, calar, perforar, techar, cavar, destilar, espiritualizar, marcar, caminar, cercar, ascender, descender, enraizar, topar...
Si te animas a crear donde no hay nada, da nombres zarandeando la palabra que la lengua sencillamente labra mitos sin tener piedra aparejada.
Apoya en lapicero tu mirada y así, sin asustarte, deja que abra la mina un largo surco abracadabra: quedará tu blanca hoja bien sembrada.
Bate palabras y haz surcos mil veces. Apilarás la cosecha abundante en canastas como si fueran nueces.
Cuando al pensar quieras ir adelante, agítalas que el azar así meces, le gusta el juego…, y recoge el guante.
31-05-06
Los Navegantes del Palomar
Obras
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