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La voz deJesús Capa
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La voz de Jesús Capa
Jesús Capa, al aire de su vuelo


Vista de la exposición de la Iglesia de San Francisco de Medina de Rioseco (Valladolid)

Todos los seres humanos sentimos alguna vez que nos haría falta una segunda oportunidad, dado que en la vida no hay ensayo posible y nos jugamos nuestro destino en una única representación. Algo semejante le sucede al mundo. Ni el más optimista afirmaría que el mundo esta bien hecho. Quien fuera el que lo tejió, dejó mil hilvanes deshilachados y múltiples enredos en sus hilos. Pero el hombre no se resigna e imagina otro tapiz. Uno en el que el error sea reparado, en el que la línea y los colores representen fielmente su ansia de armonía. Eso es lo que significa la palabra re-ligión: volver a ligar, unir el hilo que se ha roto, dar una segunda oportunidad a la creación. De ahí la esperanza en otra vida que todas las religiones acaban prometiendo.

No otro es el objeto del oficio trabajoso del artista; tejer nuevos tapices donde aparezca ligado lo que estaba disperso, remendar, en definitiva, los descosidos de la creación. Eso es lo que buscaban los simbolistas cuando unían sensaciones y sentido por medio de las analogías. Para eso mismo inventaron los clásicos la noción de armonía, supremo imán que atrae los bordes de la belleza dispersa.

Pero el artista re-ligioso, como el místico, es mucho más radica. No cree en los remiendos, quiere volver a empezar desde el principio. Y para realizar su tarea prefiere el lienzo en blanco; por eso elige la vía del despojamiento, del olvido. Olvidar, borrar la figura del mundo, es necesario para darle esa segunda oportunidad a la vida, que solo el no saber origina hace posible. Esto ocurre en el amor como ocurre en el arte y en la religión. Olvídame – dice el enamorado- para que me puedas volver a descubrir mañana. Despójate del mundo – dice el místico- apaga tu luz para que no estorbe con su sombra a la transparencia absoluta. No otra cosa pretende el pintor que renuncia a la figura de las cosas, volver al punto en el que colores y líneas no conformaban todavía un paisaje, al momento en que el mundo no estaba definitivamente creado.

Ese camino no se hace al andar- como diría Machado- sino al desandar, y cuando se llega a la meta, nos encontramos en el origen, en su silencio y en su oscuridad. En la ventana por la que penetró por vez primera la luz de lo existente, lo que Juan Ramón Jiménez llamaba “la luminaria del clariver”. Los ojos del artista contemplativo, acostumbrados a la oscuridad, se deslumbran al asomarse a esa ventana y por eso precisamente con-funden y congregan, ligan de nuevo lo disperso, dándole otra oportunidad a la luz. En la pintura de Jesús Capa hay ese mismo ansia de transparencia que lleva al místico a internarse por la noche oscura, por eso él también prescinde del escenario, como el buen bailarín, en busca de un equilibrio sin apoyo. Y a su pincel le atrae el lienzo vacío como a la flecha la exactitud del blanco, cuando se mueve al aire de su vuelo.


28-03-06 Esperanza Ortega. Poeta
Obras del Artista
Sin título
Maqueta para escultura
Sin título
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