GRABAR: UN PROCEDIMIENTO ARTÍSTICO DESDE LA INTIMIDAD.
“HERREMIENTAS DEL GRABADOR”. 2000. Aguafuerte y aguatinta. Plancha de cobre 30 x 30 cm. πPapel 56 x 75 cm.
Cuando me planto ante el grabado, soy consciente del territorio que piso y de las múltiples dificultades que entraña esta disciplina; la función del grabador es resolverlas, y para esta tarea se requiere mucha atención. La práctica – el tiempo – se encarga de reducir esas dificultades en mayor o menor medida dependiendo de la destreza, aunque afortunadamente nunca se suprimen, ya que consustancial al grabado es el misterio, el accidente, unas veces certero y aprovechable, y otras – las más – decepcionante, pero siempre único y apasionante.
Entro en contacto con la plancha de cobre, los ácidos y los barnices, las resinas, los aceites y olvido la aristocracia de la pintura (obra única) para pasar de lleno a los intrincados vericuetos técnicos que encierra la obra gráfica original (obra seriada), en mi caso del grabado calcográfico.
Su proceso lento y minucioso no admite distracciones; en ese ritmo reside, en parte, una de las virtudes más definidas y personales del grabado, ya que sosiega ideas y atempera ansias por finalizar el trabajo a toda costa, sin el menor sentido. Por estos pagos del grabado recomiendo la precisión como una virtud fundamental, mucho cariño por el trabajo bien hecho; sobra la mezquindad y sí conviene ser espléndido con el tiempo. Enfrentarse al grabado es un ejercicio de sencillez tan propia de la manualidad. Estas reflexiones trato de transmitirlas en la docencia de esta disciplina y de ejercitarlas en mi obra.
El tiempo, ¡qué más da el tiempo!, todo el que sea necesario para ver sobre el papel esa idea deseada bellamente impresa. A diferencia de la obra única, donde un gesto, una mancha aparece sobre el soporte al instante, los procedimientos gráficos que nos ocupan, requieren un buena dosis de paciencia, pasos metódicos y rigurosos; la práctica te enseña que los descuidos atolondrados conducen al fracaso seguro y al esfuerzo más inútil.
Personalmente creo – y así lo entiendo – que la compresión del grabado y sus arcanos, se produce en el momento – esto sirva para el artista-grabador, como para el degustador-espectador -, en que ambos se inmiscuyan en el “proceso” y así poder saborear su artesanía con delicadeza; precisamente en descubrir sus secretos reside el placer y la hermosura que proporcionan estas técnicas cultas y antiguas, al servicio de la divulgación de imágenes en sus orígenes, y como medio de expresión artística popular y democrática como teorizó Walter Benjamín en los años 30-40.
Realizar y ver un grabado es un ejercicio de humildad que requiere esfuerzo e información.
Por último decir en la línea que separa el acto de pintar, el de grabar, es nítida; no debe confundirse ni meterse en el mismo saco dos actividades artísticas tan unidas y a la vez tan diferentes; son dos lenguajes, dos maneras distintas que disponemos para plasmar una idea, un proyecto.
Cuando se pinta; se pinta. Y cuando se graba; se graba. Así lo entiendo y así trato de realizarlo con mayor o menor acierto.
19-10-05
Sergio Gay. Madrid. Marzo, 2001.
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