Estimado Espectador de las obras de Miguel Escalona: Repetidas veces, pedía a Miguel que me mostrara sus obras de EL TALLER DEL RENACIMIENTO. Lo hacía por el placer de verle disfrutando de una auténtica experiencia estética. Secretamente leía y releía yo “Sobre la esencia de la obra de arte” de heidegger y volvía a pedirle una vez más que me enseñara su obra. En esta complicidad Heidggeriana “experimentaba” con Miguel. Me sorprendía la coincidencia.
Siempre olvidaba que la piedra que tenía entre las manos era su propia criatura. Se dejaba poseer por la obra sin darse cuenta y se sorprendía ante su nuevo mundo de formas y matices infinitos. Terminaba por perderle en un bosque de sugerencias que le traían y llevaban como un grano en el viento. Como un viejo fabulador contaba innumerables historias evanescentes y efímeras; como si una ola de sueño hubiera borrado todos los retratos y tan solo quedaran los brillos y matices. Miguel expresaba con tan poderosa ingenuidad lo maravilloso de cada pieza que, en otro contexto, las palabras le harían avergonzarse de su narcisismo. Pero la experiencia estética no sabe de narcisos. En la experiencia estética lo importante es ella, la obra, no el autor. Ella es la que habla, la que dice, la que narra historias. Ella es la que hace a su autor artista.
Por amistad me pidió que presentara su exposición. Un verdadero problema: si sus obras me contaran a mí distintas historias que a él, si a mí se me apareciera otro mundo que a él, ¿por qué contar el mío y no el suyo?. Temeroso de ser infiel tan sólo me he propuesto contar qué es una experiencia estética, resumir lo que yo leía en Heidegger, pero con palabra menos ardua, para certificar que al final la obra de Miguel es arte, simplemente: porque habla, dice cosas, cuenta historias, a cada cual distintas. Tal vez, estimado espectador, te defraude por no contarte como esperas, “lo que la obra quiere decir”. Pero te mentiría. Me basta con poderte dar permiso para que utilices tus propias alas como Miguel, como yo. La experiencia estética es intransferible. Ni el autor, ni el crítico tienen derecho a imponer a los demás lo que a ellos les dice la obra. En la experiencia estética tanto uno como otro son un espectador más.
¿Qué es una obra de arte? Definir una flor o un silencio no siempre puede ser tarea humana. Definir el arte tampoco es concedido a nuestros labios. Pero el hombre se alimenta de misterio. Es la clave. La esencia de la obra de arte no puede reducirse a ser experiencia de su autor, tal como creían los románicos. Como todos los seres de obra se emancipa de su progenitor para tener vida propia, experiencias propias, quereres propios.
La obra de arte tiene realidad en sí misma y también se resiste a ser reducida al mundo de las cosas. No es un objeto que se deje colocar al lado de otros objetos del mundo cotidiano. Ella es la que abre y funda un mundo nuevo que entra en diálogo con el maestro y nos obliga a modificarlo o profundizarlo. Esta tesis, a primera vista paradójica, se puede entender si se tiene presente que la radical novedad de la obra de arte respecto al mundo existente recorre de una forma u otra la historia de la Estética, sobre todo la moderna. En este sentido la esencia de toda obra de arte es creación, -poiesis-. Poesía.
Pero toda obra de arte, a la vez que abre e ilumina un mundo, ofreciendo una totalidad comprensible de sentido, se presenta también como un reserva ulterior de significado todavía por descubrir. En ella opera la verdad como desvelación y apertura, pero también como oscuridad y ocultamiento. No hay arte sin la experiencia estética del espectador. En ella se realiza aquello que la misma obra es. Pero ninguna interpretación es toda la obra. Sólo porque no se deja nunca penetrar completamente nunca tiene un significado definido y concluso. Necesita del espectador para ser, de los espectadores. Juega con cada uno de ellos y se representa a sí misma en esta juego, realizando en todos ellos la movilidad de sus modos de aparecer. Sólo porque esté siempre a un futuro de posibilidades infinitas la fisicidad de la obra nunca es superflua y es objeto de una especie de culto –que degenera en el comercio de la misma.
Un consejo: lo importante no es ver, lo importante es escuchar, el escuchar reverente. El arte auténtico siempre tiene algo que decir, según los momentos, según las preguntas. En él asoma como un brote, con la “magia de un nacimiento” lo autentico de la realidad: “Cuando esté con la tierra y sea tierra, me asomaré a los tallos para verte. Como un ojo de savia que ha aprendido a ser mano vegetal entre la niebla, extenderé hacia tu aire la mirada. Andaré al amanecer hasta encontrarte...”. La experiencia estética no es otra cosa que la experiencia de la poesía, iniciada en el hablar de las cosas mismas. Nace siempre algo nuevo, con toda su magia, de ese extraño matrimonio de tres que es el arte: las cosas, el artista, el espectador. Deseándote una inolvidable experiencia estética en esta exposición artística de Miguel Escalona, te saluda atentamente
28-02-06
J. M. Almarza
Obras
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