Una cámara fotográfica es un endiablado instrumento que nos puede hacer triunfar o fracasar estrepitosamente. Todo es cuestión de manos, de cabeza o de habilidad. Hay personas que nacen dotadas para manejar la cámara fotográfica con la destreza con la que el pintor maneja el pincel: es decir, la convierten en instrumento del que se sirve para plasmar sensaciones artísticas.
Este es el caso de José Luis Rodríguez Posadas. Hay fotógrafos que trabajan con distintos motivos plásticos o informativos (artistas fotógrafos y fotógrafos de prensa), y hay otros que añaden a los componentes de perpetuidad que requiere la fotografía una carga artística diferenciadora.
Entre estos privilegios se encuentra el pintor José Luis Rodríguez Posadas, un ejemplo de artista fotógrafo que además investiga sobre técnicas experimentales. Precisamente por su condición de pintor, cuando toma la cámara fotográfica no se conforma con tener un instante irrepetible utilizando un buen equipo técnico, sino que añade por su cuenta, en el proceso de revelado y positivazo de las fotografías, unos procedimientos experimentales en los que intervienen reacciones químicas que trasforman y fantasean lo captado por la cámara. A estos méritos se añade uno puramente circunstancial: su taller-estudio se encuentra en Peñafiel, corazón de la ribera del Duero y sede del Museo del Vino, en una de cuyas salas quedó hace unos días intalada esta exposición fotográfica.
Las calidades y colores que Rodríguez Posadas consigue con negativos de blanco y negro (curiosa paradoja) solamente se logra con una técnica (en la que según propia confesión lleva trabajando mucho tiempo) que le permite alterar los valores cromáticos que ofrece el blanco y negro (y su amplia gama de grises) utilizando ciertos productos químicos en el positivazo.
Esta nueva experiencia ya la utilizó Rodríguez Posadas en una exposición anterior, y ahora, con un dominio absoluto de esta técnica entonces ensayada, nos ofrece una treintena de nuevas fotografías.
La pequeña y sustanciosa colección de fotografías de bodega tiene además de gusto por el detalle, retrogusto con sabor vinícola de la mejor cosecha. Las referidas a la expresión corporal, en la que han intervenido actores y actrices profesionales, son un canto a la belleza de los cuerpos del Hombre y la Mujer. La expresividad de sus cuerpos, puestos al servicio del fotógrafo, sugieren un mensaje compartido por ese equipo de personas y transmitido con gestos. Para lograrlo es preciso mucha sensibilidad y la complicidad de elementos neutros: la simplicidad de una soga, la mudez del plástico, la intensidad de un foco de luz que se posa sobre el cuerpo dulce de la mujer o la serena animación del hombre en sus fantasías en movimiento.
La alegría sonriente que apreciamos en los actores que se brindaron a colaborar con el fotógrafo en esta serie de imágenes queda empañada por una circunstancia trágica que se dio hace algunos meses. Y fue la muerte de una de las actrices en accidente de carretera cuando viajaba llevando las fantasías del teatro de una a otra ciudad. Crueldades del azar.
Pese al dolor que nos causa la desaparición de una mujer en la flor de su edad y de su vocación teatral, la función tuvo que continuar. José Luis Rodríguez Posadas rinde con esta exposición homenaje al vino, a la estética de los cuerpos en movimiento y al teatro.
28-02-06
José Delfín Val
Obras
del Artista
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